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Recordando Los Comienzos

24 junio, 2011

simplemente me apetecia rescatar esto. Es un trabajo del Instituto, de aquella empoca en la que escribia mucho, pero enseñaba poco. Curioso, con los años me he ido al extremo contrario; escribio poco, pero intento enseñar todo lo que escribo. Me da pena, en parte porque creo que he perdido esa explosion de creatividad que algo mas de 10 años atrás me permitia escribir cualquier cosa de un tiron, y en parte, porque la carga emocional con la que empapa  los escritos una adolestente es irrecuperable una vez que maduras y cambias la prisma con la que mirar la vida…. En fin, que aquí va mi trabajo de Lengua:

La sensación de frío me hace volver en mí, una pequeña gota de agua que se desliza por mi rostro me ha despertado. Levanto la vista. Una mirada perdida busca algo conocido, pero el color blanco que se ha apoderado de mi mente no me deja recordar como he llegado allí; a ese extraño lugar, oscuro, húmedo. Muy lentamente me levanto desconcertado, al mismo tiempo que, mis ojos, ahora, buscan algún claro de luz, algo de fulgor en ese paraje compuesto por fría roca gris emergente del suelo, nacidas de él. De la misma manera, largas estalactitas se han creado en el techo de la bóveda, y de estas, incesable, ese liquido trasparente no deja de caer. Me quedo de pie sin saber que hacer. A mis oídos no llega nada, ni un solo sonido. Sólo el suave tictineo del agua es levemente percibido.

 

En medio de este desamparo un escalofrío recorre inevitablemente todo mi cuerpo. Una rápida ráfaga de aire helado me ha rozado. Me percato de como voy vestido: es de manga corta el niqui que tengo sobre mí. Froto fuertemente mis brazos con afán de entrar en calor y hacer desaparecer, así, la carne de gallina. Pero ésta vuelve a aparecer en cuanto el agobiante silencio es roto repentinamente justo detrás de mí. Me quedo totalmente paralizado, sin ser capaz de dejar de temblar. La última vez que he mirado allí no había nada, nada en ese profundo rincón, absolutamente nada. Otra se oye oído ese agudo crujido, y otra vez más, obligando a mi cuerpo estremecido a mirar a mis espaldas. Empiezo a girar torpemente sobre mí, pero no me da tiempo a ver lo que me depara, cuando siento el calor emanante de un cuerpo a mi lado, el aire ardiente en mi cuello, e inmediatamente una sudorosa mano sobre mi hombro. Mi cuerpo, tenso, no puede hacer otra cosa que no sea esperar. Esperar a que aquello situado a mi lado haga algún gesto. No puedo hacer otra cosa que no sea dejar que los segundos pasen y… .

 

            – ¿te encuentras bien?.

 

            Inesperadamente una voz tenue preocupada por mi estado ha salido de allí.

 

            – ¿estás bien?- replica mas tarde.

 

            Confundido, termino de volverme sin dejar de temblar, viendo, apestar de la insuficiente  claridad poseedora de la zona, la tez mancha de una joven, angulosa, ligeramente cubierta por unos mechones de negros cabellos.

 

            – ¡Eh!, ¡eh!. ¿Me oyes?. ¿Puedes oírme?.- Dice a la vez que sus dos manos toman mis hombros con ansia de hacerme reaccionar. – ¿Puedes entenderme?. ¿Hablas mi idioma?.

 

            Ella sigue preguntando, zarandeándome cada vez más. Hasta que, empezando a reaccionar, un pobre “si” brota de mis labios rígidos.

 

– si, si.- prosigo sin haber sido la sorpresa todavía asimilada y pasando la mano por la cabeza- si, me encuentro bien. Pero…. . ¿ Qué es esto?. ¿Dónde estoy?.

 Mientras las preguntas van surgiendo,  abro mis brazos, moviendo la cabeza de un lado para otro. Vuelvo a observar mi entorno, aquella especie de cueva aparentemente sin principio ni fin. Sin ningún tipo de galerías que tomar. Sin poder dar explicación a otra de las incógnitas que todavía se plantea mi cabeza: De donde habría salido aquella chica que tenía delante. Doy muestras de querer preguntárselo llevando mi mirada perdida hacia ella, pero ya no lo puedo ver. ¡Ha desaparecido!. Sin embargo, antes de que tenga suficiente tiempo para recelar, su voz aparece entre la obscuridad: “ven, sígueme”. Yo le sigo.

 

 

No sé cuando tiempo he estado  allí de pie,  no he llegado a moverme del sitio donde me encontraba momentos atrás, ni un solo paso he dado durante este periodo, indefinido, ya que es imposible saber concretamente cuanto tiempo ha pasado desde que he despertado. Mi primer paso es torpe, tropiezo y caigo al suelo. Me levanto, girándome,  con intención de descubrir qué es lo que me ha hecho tropezar. Pero lo único que llego a ver son unos trozos de madera fijos en la piedra, puesto que, sin poder observarlo detenidamente, tengo que irme siguiendo la voz de aquella joven que nuevamente me insta a que la siga. A mitad de camino empiezo a marearme. Todo da vueltas a mi alrededor, y sin saber como me encuentro  en un parque, a la luz de la luna, acariciando suavemente el pelo largo de una muchacha tumbada a mi lado. El agradable aire nocturno acaricia nuestros rostros. Yo la miro, fijamente, a unos profundos ojos azabache. Siento sus dulces caricias sobre mi pecho. La delicada sonrisa de sus labios me hace desearlos y cierro mis ojos, confiado, esperando el momento en el que se posaran sobre los míos. Noto como el calor que emana su cuerpo se acercaba sensualmente…. . De pronto esa imagen desaparece volviendo a econtrarme  cubierto por la obscuridad y andando hacia el punto de donde procedía la voz, suponiendo que el golpe me ha aturdido haciéndome delirar momentáneamente.

 

-¿Dónde estas?

 

Ya he llegado al otro lado de la sombría caverna, más tosca que el otro lado si cabe. No la veo, la poseedora de la voz que venia siguiendo esta nuevamente ausente. “Hola, ¿estas hay?” Sigo formulando preguntas al aire, pero no recibo respuesta.  Paso unos segundos examinando la zona, pensando. Intento asimilar lo ocurrido. Intentando averiguar por donde puedo seguir caminando, deseoso de encontrar la salida de este agujero, sin percatarme de que justo delante de mí hay una apertura en la pared. Me siento en una piedra  mirando al suelo, tras haber rehusado todos los recursos que me proponía mi mente, rendido. Sólo un hilo de esperanza vuelve a brotar en mi cuando veo la grieta. Dando por hecho que aquella chica se ha ido por ahí, me introduzco por ella. Una vez dentro, empiezo a escalar la pared llena de musgo, ya que parece que comunica con un nivel superior,  con mucho cuidado por lo resbaladizo que está. Sin llegar al final, el mareo sentido antes vuelve y me encuentro repentinamente trepando por una árbol, junto con otros niños. Me miro y mi aspecto no es otro que de un chaval de unos 7 años, que juega con sus amigos.

 

– Cógelo que se escapa.-  Dice uno.

 

Yo giro mi cabeza para ver la copa del árbol, y descubro un bellísimo y gentil gato negro en una rama posado, moviendo apaciblemente la cola. Nuestras miradas se cruzan, y clava la suya directamente en mis ojos, sin parpadear, consiguiendo intimidarme.  Agito la cabeza, y esa imagen desaparece.

 

-Pero… . ¿Qué me esta pasando?. ¿Qué es todo esto?. Nada tiene sentido, nada.- digo sin advertir que estoy hablando solo.- Personas que desaparecen, lugares inestables… . ¡Esto es una locura!. ¡Una verdadera locura!

 

Terminada la ascensión, mis pies, como si vida propia tuvieran, se mueven de un lado a otro, arrastrando mi cuerpo tras de si. Mientras, articulo miles de palabras que, sin pensarlas, escapan de mi boca. Nada tiene sentido en estos momentos, y por mas que intento razonar, por mas que intento buscarla, escapa a todo lógica.

 

Sin poder reaccionar de otra manera hago un alto en el camino.  Y es que no puedo dar crédito a lo que estoy viendo. Las maderas fijas en el suelo, como las que me hicieron tropezar, se suceden, con la diferencia que son seguidas por dos barras paralelas de hierro. El silencio adueñado hasta ahora de todo el camino ya no existe, cientos de personas lo destruyen con sus voces fuertes. La claridad repentinamente vista es deslumbrante. Un sonido conocido, que no es otro que el de un tren. Estoy en una estación de metro.

 

Intento no perder ni un segundo. Busco la escalera que comunica con el exterior. Abriéndome paso entre la muchedumbre, corro recorriéndola, y por fin todos mis esfuerzos se ven recompensados al encontrarla, con ese apuesto cartelito en la parte de arriba donde pone: salida. Velozmente subo, de dos en dos, de tres en tres, intentando hacerlo lo más rápido que puedo. Mi cuerpo esta cansado, pero el saber que tras girar esa esquina estaré fuera me hace seguir sin parar. Doblo la esquina y…. .

 

– ¡¡¡¡¡Nooooooooo!!!!!. – Se oye seguido de un gran eco.

 

Mis rodillas caen al suelo. Las manos cubren mi cara. De los ojos, sin éxito, frías gotas tratan de escapar. Lo que estos ven solo es vacío y entre este, punzante, la joven, con una sonrisa picara bien dibujada por sus dulces labios. Lentamente, este hiriente gesto se va convirtiendo en una carcajada enérgica y resonante, Una carcajada que se apodera de mi mente agravando mas mi desesperación, haciéndome encogerme mas en el suelo.

 

– ¡Cállate ya¡- le digo

 

– ¿Porque debería de callarme?. ¿No te parece divertido?.- Vuelve a sonreír.- Venga, anímate y disfruta.

 

Y otra vez esa risa desbordante que me paraliza. Ella no deja de reírse, mientras a mí el eco me tortura.  ” Esto no puede ser real “, pienso, pero podía sentir el dolor intensamente. Estoy sudando, todo el cuerpo está empapado de sudor. De pronto se calla. Su tez se empalidece. Sus ojos se abren fuertemente. De improviso el pánico se refleja en su rostro.

 

– Corre.- Me dice.- ¡Corre!.

 

– ¿Qué pasa?. ¿Por que debería hacerte caso?.- Se hace el silencio.- ¡Contéstame!

 

– ¡corre!. ¡¡Corre!!. ¡¡¡Correee!!!. ¡Y no té pares!

 

Es la respuesta que recibo, pero sin saber exactamente porqué le hago caso. Corro por el túnel como si el mismo diablo me persiguiera, y por la cara que antes vista podía deducir que se trataba de algo parecido. La caverna se empieza a  iluminar, haciendo que el pavor se apodere di mi. Una gran luz deseosa de nosotros nos persigue. Cada vez se va acercando mas, cada vez mas cerca, y más. “¡Corre!, ¡Corre!”. Es lo único que llega a mis oídos, mientras escapo desesperadamente entre los raíles de ese interminable pasillo de fría piedra ” ¡corre!, ¡Corre!, corre, corre, corre…. .

 

 

———————————————————————————————-

 

– HOLA, BUENOS DÍAS. Son las 8.00 en punto de la mañana y aquí nos encontramos una vez mas en vuestra emisora de radio, intentando alegrar las mañanas, ya de verano, de todos y todas  a los que en un gran día soleado como el de hoy: lunes, 23 de julio víspera  de San Juan, les ha tocado madrugar. ¡Levantar ese animo!, Que la noche de brujas pronto llega y hoy nos esperan muchas horas de peculiar diversión y puede que incluso algún que otro sobresalto. Todo es posible. Y para ir abriendo boca nada mejor que esta estupenda canción que  trata de… .

 

– Date prisa, levántate ya, que vas a llegar tarde. No se como tus amigos no se cansan de esperar siempre. Nunca puedes llegar puntual a ninguna parte, nunca. Siempre tarde. ¡Ayyyyyyy!.- Diciendo esto sale mi madre de mi habitación.

 

Con mucha pereza y casi sin hacer caso a lo que dice me despierto envuelto en una manta de sudor. Algo estañado y con una singular sensación de alivio me levanto y me meto en la ducha. Me siento  cansado, como si me hubiera pasado toda la noche haciendo ejercicio. Después de la relajante ducha matutina empiezo a preparar las cosas para ir al monte de acampada con los amigos. Nos vamos a juntar una buena cuadrilla. Hace dos días descubrimos una cueva y  tenemos intención de inspeccionarla. Quien sabe, igual encontramos algo interesante, y siendo noche de brujas… . de todas maneras el ambiente esta asegurado alrededor de la fogata. Desayuno con mi parsimonia habitual. Miro el reloj: las 8.45.  Ya voy tarde. Cojo la mochila y  “adiós mama” la puesta se cierra detrás de mí

 

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2 comentarios leave one →
  1. mediosiglo1955 permalink
    16 diciembre, 2011 7:55 am

    La creatividad, en la escritura, es como un mar que tiene oleaje propio. Hay momentos donde este está tranquilo y sus aguas no producen movimiento alguno, sino el justo y necesario. Otras donde el viento del Norte (fantasia) o el viento del Sur (realidad) producen olas de pensamientos de diversos tamaños que necesitan golpear la bahia y plasmarse en letras.
    Un dia buscando informacion para mi blog me di cuenta que habian pocas noticias que infundieran alegria o esperanza (maxime estos ultimos tiempos) eso me llevo a escribir y preguntarme (y preguntar a quien lea) el porque de esta falta de noticias (aunque suponemos y/o sabemos que venden los desastres que las alegrias), y una cosa trajo aparejada la otra, y sin querer (o queriendo) retome el placer de escribir.
    Quizas la anecdota suene tonta, pero de la nada siempre surge algo.

  2. 5 agosto, 2013 3:06 am

    Reblogueó esto en .

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